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Más se perdió en la guerra
Sábado, octubre 4th, 2008Pues sí, básicamente están a punto de chutarse otra de esas “noticias” sin sentido que… Bueno siempre tenemos noticias sin sentido aquí, así que supongo que no les molestará hacerlo una vez más (bueno y si a alguien le molesta o le incomoda, puede cerrar su browser en cualquier segundo… Ya… Gallinas…).
Ok, una vez que nos hemos despojado de los maricones, poco-hombres (o poco-mujeres, pa’ que vean que es parejo) que no quisieron departir cinco minutos de sus “ajetreadas” vidas con nosotros porque seguro tienen algo más importante que hacer como cenar con la Reina Madre del Reino Unido o prepararle su medicina al Dalai Lama, nos reunimos aquí, damas, caballeros, insomos, encordados y… y ya, supongo que todos los demás se fueron con la cantidad de insultos que acabo de tirarles, jeje, para celebrar la muerte de Rick Wright.
Primero, como ustedes saben (mal, pero saben) yo nunca fui gran fan del Floyd (también saben que se murio Richard Wright, no? Uy, perdón, lamento ser yo quien se los diga, pero tenían que enterarse tarde o temprano), hace cosa de diez años, le pedía a Jesús que me grabara los discos de la caja Shine On del Kalimán, pedía demasiado, como bien imaginaron, nunca me grabo los cassettettesss (somos de esa época, jeje), ulteriormente los conseguiría por mi propia cuenta… Y eventualmente perdería varios porque nunca he sido tan cuidadoso de los discos, jeje.
Recuerdo mucho los primeros encuentros con el Floyd, mayormente con el The Wall que de alguna manera ayudaría a convertir a Parker en mi cineasta de cabecera durante varios años. Los primeros minutos del Wish, el Dark Side, desde luego… Y luego?
Luego de un par de años (hará unos 8 años o cosa semejante) cuando yo era fans del prog italiano (Le orme, Banco, Il Balleto di Bronzo…) Llegó a mis oídos una bestialidad de música de los que se anunciaban como sucesores de las vertientes progresivas, unos tales Porcupine Tree tocando durante ocho minutos una musica profundamente violenta pero luminosa, alcanzando matices magníficos dentro de lo estruendoso y pasando enseguida a la mayor ternura inteligible.
Cuál es el punto? Se preguntarán ustedes. Que actitud, jovencitos! Es mi respuesta. XD
En realidad, no hay tal cosa como un punto. Vamos no importa de nuevo.
Cada semana ocupo una parte de mi tiempo en escuchar, en buscar cosas nuevas, en abrirme los oídos (y la cabeza, claro) a cosas que nunca había escuchado antes, que nadie me ha recomendado siquiera.
La semana pasada salió el nuevo disco de Metallica que ya tuve oportunidad de escuchar, a decir verdad no me resultó nada sorprendente.
Escucho mucha música, todos los días, el mayor tiempo posible.
Esta semana caí con una banda llamada Riverside que suena francamente grandiosa. La semana anterior me llegaron 6 discos de Burning Shed, en todos mete las manos Steve Wilson y es un deleite escuchar la sincera emotividad del tipo.
La semana anterior fue Karda Estra, antes de eso hubo mucho de Trey Gunn y del After Crying, una orquesta rara que nos roló el Chinasky. El regreso a Oceansize y Dredg, periodos de Kimmo Phojonen. Sakamoto y Sylvian, Mitzukage, Ars Nova. Otra vez lo de Brendan Perry solo… Tengo mis ratos de enamoramiento con alguna rola (pffffff “Possibly maybe” me sigue hipnotizando) implicando jornadas completas de “repeat 1″, mis periodos anuales de Beatlemanía en que no salgo de sus playlists en el iTunes.
Hay mucha música grandiosa por ser ecuchada. Hay muchos oídos por enamorarse.
Allá afuera en este momento, alguien está componiendo esa rola que expresa perfectamente lo que sientes en este momento. La rola que es capaz de consentir los pelitos de tus oídos como nunca imaginaste. Probablemente no sea el Soma, seguramente no lo sabrás si no lo escuchas.
Sí, Richard Wright murió, en lo personal no me parece tan terrible, encuentro mil veces peor saber que hay tanta música viva que no ha alcanzado nuestros oídos por nuestra apatía en el destino, música viva!
Richard Wright está muerto, como. Debussy o Bach, en realidad no es gran cosa, pero podría ser un gran pretexto para escuchar otras cosas, cosas extraordinarias, es momento de cerrar aquella caja y apretar el play.
Felices trazos!
